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Quito Ecuador -  No 457 -  2006/08/20

    SEXUALIDAD

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Teresa Borja, Ph.D. Coordinadora de Psicología, Universidad San Francisco de Quito

Las fantasías sexuales

..El ser humano es el único que tiene fantasías. Esto demuestra que es una cualidad intelectual, es producto de una mente que juega internamente con la realidad para cambiarla y distorsionarla hasta convertirla en algo nuevo. La capacidad de fantasear es posiblemente la base de la creatividad, es lo que posibilita pasar de lo conocido a lo novedoso. Todas las personas con capacidad intelectual fantasean sobre aspectos que les importan intelectualmente, que les preocupan, que tienen un vínculo emocional, que les llaman la atención, que les son difíciles de comprender, o a los que tienen poco acceso o imposibilidad de alcanzar. Un aspecto sobre el cual existen muchas fantasías y que consume una parte importante de la imaginación tiene que ver con la sexualidad.

La fantasía sexual más común en mujeres y hombres es tener una actividad sexual que va desde caricias hasta experimentar con una variedad de formas sexuales con una persona que no es la pareja estable. Esta fantasía es posiblemente producto de la inaccesibilidad que tenemos, ya sea física o moralmente, de contactar sexualmente a otro/a que no sea la pareja. Muestra también el miedo mezclado con el deseo de experimentar una variedad de contactos sexuales, que en la vida real no se dan fácilmente o no son “moralmente” correctos para la persona.

Es interesante que a pesar de que nuestra fantasía podría ir a cualquier lugar, involucrar a cualquier persona e incluir una variedad de actos extraños, la mayoría de personas fantasea con una cierta “normalidad” de actos (tal vez un poco más “subidos de tono” de lo que están acostumbrados), con una pareja relativamente “normal” o cercana a la vida real (es raro que se incluyan artistas de cine, héroes, etc.) y en un lugar bastante común (en una casa o en el campo o en la playa). Lo que acontece durante la actividad sexual fantaseada es comúnmente bastante cercano a lo cotidiano, e incluye escenas románticas o actividad sexual únicamente.

A pesar de la “normalidad” de las fantasías sexuales, pocas personas las cuentan, ni siquiera a sus mejores amigos. Posiblemente es porque las fantasías expresan nuestra intimidad tan profundamente, que nos asusta mostrarnos tan “desnudos” por dentro. O tal vez porque las consideramos algo tan nuestro, sobre lo cual tenemos todo el control, que no queremos compartirlo para no perder esta sensación de propiedad privada que jamás puede ser conocida sin nuestro consentimiento. O tal vez porque nos sentimos tan culpables y avergonzados de nuestra fantasía, que no queremos que nadie conozca la realidad “oscura y perversa” que llevamos adentro.

Hay algunos psicólogos, basados sobre todo en las teorías de Freud, que opinan que las fantasías sexuales son compensaciones de deseos que no pueden hacerse realidad, es decir, son producto de insatisfacciones o de una vida sexual insatisfecha. Contrario a estas ideas, los psicólogos cognitivos consideran que las fantasías sexuales son parte de una vida saludable y normal. Los estudios muestran que es raro que existan personas que no tengan fantasías sexuales, que tanto conservadores como liberales, religiosos como laicos, tienen fantasías sexuales de similares características, a pesar de que los unos sienten remordimiento y los otros no. Hay estudios que muestran que las personas que llevan una vida sexual frecuente y satisfactoria tienen más fantasías sexuales que las que tienen una vida sexual reprimida o inexistente.

Las primeras fantasías se inician justamente en la adolescencia, cuando las hormonas sexuales empiezan a funcionar. Las fantasías siguen en aumento hasta la edad adulta y disminuyen drásticamente con la tercera edad. Por todo esto, los psicólogos cognitivos consideran que el no tener fantasías sexuales es lo extraño, lo patológico, o lo “poco saludable”.

Lo interesante de las fantasías sexuales es que hay personas que se sienten culpables mientras otras no. Los que se sienten culpables tienen fantasías muy parecidas a aquellos que no se sienten culpables, pero no las disfrutan.

Aunque la fantasía se puede usar para “saltar” a la realidad, es muy raro que esto ocurra. En general, las personas manejan las fantasías como tales. El único momento en que una fantasía puede llegar a hacerse realidad es cuando ocurre en personas que están planeando hacerlas realidad y usan su fantasía para definir las acciones a tomar. También son peligrosas las fantasías en personas con problemas mentales para quienes no existe una barrera clara entre la fantasía y la realidad, como en el caso de esquizofrénicos o en personas que están bajo el efecto del alcohol o las drogas.

Hay personas cuyas fantasías sexuales salen muy por fuera de las “normas”, pero si las consideramos con tranquilidad, en su mayoría son producto de la pornografía en los medios masivos, que aumenta cada vez más los niveles de la imaginación de las personas. Estas fantasías también deben ser consideradas con serenidad.

Las fantasías sexuales, así como muchos otros tipos de fantasías, pueden ser material interesante para terapias psicológicas. Es posible trabajar terapéuticamente con las fantasías sexuales para encontrar necesidades o angustias personales. Esto no quiere decir que las fantasías sean un “problema”, sino que son una parte importante de las personas que expresan aspectos profundos del ser humano, de su historia personal y de la sociedad en la que vive.

TESTIMONIO: ¿Qué son las fantasías?

Son aquellas ‘travesuras’ que con el amor y el respeto que se tenga con la pareja salen a floten el momento de la intimidad, y contribuyen a evitar la monotonía sexual.
Sin embargo, la influencia de la televisión, la prensa y la publicidad, marcan en la mente de los adultos y sobre todo los adolescentes, una fantasía mal enfocada, al mirar toda la basura de las escenas que usan estos medios para elevar el raiting. Esto distorsiona la realidad, y hace que algunas personas sin criterio piensen hacerlo. Todo es bueno siempre y cuando haya mutuo acuerdo...
Alfonso 49 años


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